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octubre 20, 2010

LA ACTITUD AL ADORAR A DIOS (1a Parte)

(VERSIÓN PARA MÓVIL de este artículo)
CÓMO LLEGAR ANTE DIOS EN ADORACIÓN?

El profeta Miqueas, hace muchos siglos, planteó esta interrogante:

“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo?"
(Miqueas 6:6)

     Tal vez usted mismo se habrá hecho esa pregunta en más de una ocasión. En ese pasaje del libro de Miqueas, luego de dicha interrogante, se nos da seguidamente la respuesta. Y ésta se refiere a tres cosas importantes que Dios mismo dice que pide de nosotros.
     Por eso, considero que deberíamos examinar nuestras vidas, a la luz de estas condiciones que el Señor nos pide, si queremos presentarnos ante Dios en adoración, de una forma que sea agradable a él. En los versículos subsiguientes el Señor nos muestra claramente tres cosas “que son buenas” y “que él pide de nosotros”. Veamos cuáles son éstas (fíjese en lo que está resaltado):
“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
Miqueas 6:6-8

1. “HACER JUSTICIA”:
     Esto significa obrar en razón de lo que es correcto, sin desviarse ni atender a lo contrario. Es llevar una vida en equidad, que cumple la voluntad de Dios y aquello que es bueno y agradable delante de él. Es que Dios mismo ama la justicia:
“Porque Jehová es justo, y ama la justicia; el hombre recto mirará su rostro.”
1 Samuel 15:22
     Es decir, Dios se deleita en la justicia. Y además se nos da a entender en ese mismo versículo anterior que hay una recompensa inherente al hacer lo que es recto ante Dios: "El hombre recto mirará su rostro." Pero a la vez, nuestra motivación para hacer justicia debe ser agradar a Dios; no el ser elogiados por los hombres.
Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.”
Mateo 6:1
     Resulta interesante también que en Miqueas 6:8 no se nos dice que Dios nos mande simplemente a “amar justicia" , ya que él la ama. Más bien, se nos dice claramente allí que el Señor nos manda a hacer justicia. Es decir, implica más que algo pasivo. Es decir, conlleva acción; implica un proceder de vivir rectamente:
“...Dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta...”
Isaías 1:16-18
     El hacer justicia delante de Dios y obedecerle es más agradable ante él que procurar hacer obras para impresionarle. Además, de nada nos valdría hacerlas, si nuestra vida misma en sí no es agradable ante Dios:
Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio.”
Proverbios 21:3
“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.”
1 Samuel 15:22
“Diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.”
Mateo 23:23 



2. “AMAR MISERICORDIA”:
     La misericorida es una actitud bondadosa de compasión hacia otro, generalmente del ofendido hacia el ofensor; o desde el más afortunado hacia el más necesitado.
     La misericordia es además, un atributo divino. Es decir, es una de las muchas cualidades de Dios. La Biblia nos señala repetidamente que el Señor es misericordioso en gran manera.

"Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios..."
Deuteronomio 4:31
"Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia."
Salmo 103:8
     Por eso, si amamos la misericordia nos estaremos pareciendo a nuestro Padre celestial, quien es clemente y misericordioso.:
"Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos."
Mateo 5:44-45
Es más, Dios se deleita también en la misericordia:
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque (Dios) se deleita en misericordia."
Miqueas 7:18
          Nótese que lo que nos pide Dios es "amar" misericordia; o sea, deleitarnos en hacer misericordia, tal como él lo hace. Y amar misericordia, también conlleva en sí, proceder con misericordia para con los demás. En el pasaje del buen samaritano, Jesús nos enseña lo siguiente:
“¿Quién, pues, de estos tres (dijo Jesús) te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él (intérprete de la ley) dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.”
Lucas 10:36-37



3. “HUMILLARTE ANTE TU DIOS”:
          El común de la gente tiene el concepto de que la humillación es algo denigrante y que ofende la dignidad de la persona humana. Eso es muy cierto, si lo vemos solo en el sentido de cuando una persona se ensaña sobre otra. En ese caso, estamos hablando de un ser imperfecto que, quizás con crueldad pisotea a otro; ya sea por venganza, o solo por querer hacerle daño.
     Pero si lo vemos en el sentido que le da Dios a la humillación, cuando nos dice que nos humillemos ante él, entonces ya es un asunto totalmente diferente:
     Humillarse ante el Señor significa aceptar y reconocer (de manera voluntaria y con agrado) que Dios es sumamente superior a nosotros. En otras palabras, es reconocer que él es Dios y nosotros, hombres; y vivir y comportarse de acuerdo a ese precepto, teniéndolo siempre presente.
     Y como Dios no es malo ni cruel (como la gente), él jamás le haría mal ni se ensañaría sobre aquella persona que se rinde y humilla ante él. Mas bien, es todo, todo lo contrario:
"Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes."
Santiago 4:6
     Pero eso sí: quien se comporta con soberbia, altivez o arrogancia ante Dios llevará todas las de perder. Es como golpear un huevo contra una roca; siempre el huevo se romperá. Y por supuesto, tratándose de nosotros y Dios, bien sabemos quiénes somos los huevos, ¿no?
     Por eso, diría yo que existen dos tipos de humillación; de las cuales, la que Dios quiere de nosotros es la segunda de ellas. Y estas dos tipos son: 1. Que podemos ser humillados; o 2. Que podemos decidir humillarnos; que no es lo mismo, ni se escribe igual.

          Podemos estar en humillación porque fuimos humillados por otros o por Dios mismo, directamente. O, por el contrario, podemos estar en humillación porque nosotros mismos decidimos humillarnos.
     La primera condición (SER HUMILLADOS) acarrea vergüenza, menosprecio y tristeza; y viene como consecuencia de algo malo; como castigo a la soberbia. Quien recibe tal humillación, seguramente que no la deseaba ni tampoco la estaba buscando. Y gústele o no le guste, dicha persona la recibirá.
"Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu."
Proverbios 16:18
     La segunda condición (DECIDIR HUMILLARNOS) es producto de la humildad y sencillez de corazón en nosotros; y es un acto totalmente voluntario; nunca impositivo. Trae paz, conduce a la posterior exaltación y conlleva en sí, un galardón de Dios.
“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.”
Lucas 14:11
     Estas fueron palabras del Señor Jesús. Nótese que dice cualquiera”; lo cual nos da a entender que nadie escapa de tal ley espiritual que Dios dejó establecida. Por consiguiente, ninguna persona ni ningún ser estará exento de recibir el justo castigo si es altivo. Y de la misma manera, también Dios estableció que hay recompensa para todo aquel que hace lo correcto al respecto; y dicha recompensa es que será, a la postre, enaltecido.
     Vemos también aquí que dice claramente en el versículo de más arriba que quien se enaltece “será humillado”. Es decir, será humillado por otros; ya sea, por Dios directamente, o por otras personas (quienes, al fin y al cabo, terminan siendo solo instrumentos de Dios para que ello se cumpla). Y también se nos dice en dicho versículo que “el que se humilla” será enaltecido. No dice “al que lo humillan”. Se refiere más bien a aquel que voluntariamente se humilla a sí mismo. O sea, a aquella persona que se pone a sí misma, voluntariamente, en una condición de humildad.
     Dios detesta la altivez. Al respecto, nos cuenta la Biblia de 7 cosas que Dios no soporta; y me llama la atención que la altivez es la primera de ellas:
"Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos..."
Proverbios 6:16,17
          Es que para quien se enaltece a sí mismo y se muestra soberbio o vanaglorioso; ya está dictada una sentencia divina sobre tal persona.
“Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante…”
Jeremías 50:32
          Y la Biblia está llena de ejemplos al respecto. Veamos solo uno:
“Mas cuando (Uzías) ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina… Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido. Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová…”
2 Crónicas 26:16,20,21
     Las Escrituras nos hablan de muchos otros casos de personas que se enaltecieron, pero que de una u otra forma, Dios mismo los humilló. Eso sucedió con muchos reyes de Israel y de otros reinos (como Nabucodonosor); también, con hombres de guerra; con levitas, profetas, sacerdotes; e incluso, con el propio Lucifer.
     Pero Dios es misericordioso y puede detener su castigo, si es que quien se enaltece llega luego a humillarse verdaderamente cuando aún está a tiempo; y si es que Dios así se lo concede. Tal fue el caso del rey Ezequías, de Nabucodonosor (que ni siquiera era de Israel) e incluso, Acab, uno de los reyes de Israel más perversos que registra la Biblia:
“Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías.”
2 Crónicas 32:26

"Habló el rey (Nabucodonosor) y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti;
y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.
En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor... Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades."
Daniel 4:30-34


"He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel.
(A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová... El fue en gran manera abominable...)
Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.
Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa."
1 Reyes 21:21,25-29

          Recordemos que solo Dios tiene toda potestad para humillar y para exaltar:
“Mas Dios es el juez; a éste humilla y a aquél enaltece.”
Salmo 75:7
Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón. Tú que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte, aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender, dice Jehová.”
Jeremías 49:16
          Solo procuremos siempre buscar aquella condición de humildad que resulta agradable al Señor:
“Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos."
Salmo 138:6



           A manera de conclusión de este artículo, quisiera resaltar que no son nuestras obras o acciones per sé, las que nos abren la puerta de la adoración ante Dios.
          No es que el "hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante Dios" (Miqueas 6:8) nos justifica ante Dios. Más bien, lo que nos enseña este pasaje citado es la importancia de llevar una vida en rectitud delante del Señor para que, cuando le entreguemos nuestra adoración, ésta le sea acepta y llegue como olor grato ante su presencia: porque no serán entonces solo palabras o emoción; sino que nuestra vida misma será una expresión cristalizada, un ejemplo vívido de adoración a él.
"Porque para Dios somos grato olor de Cristo"
2 Corintios 2:15
          En tu caso, ¿qué es lo que consideras que debe ser lo más importante, en cuanto a nuestra actitud cuando adoramos a Dios? 
Puedes ver también la segunda parte de este artículo en
"La actitud al adorar a Dios" PARTE 2

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