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octubre 22, 2010

LA ACTITUD AL ADORAR A DIOS (2a Parte)

(VERSIÓN PARA MÓVIL de este artículo)
CÓMO LLEGAR ANTE DIOS EN ADORACIÓN?
En el artículo ¿Cómo llegar ante Dios en adoración? Parte 1, empezamos a analizar el pasaje de Miqueas 6:6-8,  y hablamos acerca de procurar vivir rectamente delante del Señor (en justicia, misericordia y humilad), para que cuando vengamos ante él en adoración, esa adoración que le ofrezcamos, tenga esencia y validez.
          Pero además de todo eso, hay otra enseñanza muy importante que también nos arroja el mencionado pasaje bíblico. Ponga especial atención a lo que está resaltado esta vez:
“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?
Miqueas 6:6-7
          Pasemos, pues a ver otras de las enseñanza que nos arroja el pasaje en cuestión:
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1. La adoración a Dios NO DEPENDE DE COSAS MATERIALES QUE PODAMOS OFRECER.
          En el pasaje anterior se nos muestra que lo realmente importante no son las cosas materiales que podamos ofrecerle a Dios. Podemos darnos cuenta de esto, por la forma en que aquí se hace alusión a lo material. Se nos dice, de forma algo irónica: “millares de carneros”; “diez mil arroyos de aceite”. Es decir, esas son cosas que, en realidad, una persona no estaría en capacidad de ofrecerlas a Dios. Incluso, ni aquello realmente preciado para alguien (la vida de su propio primogénito) obraría como justificación, si es que a alguno se le ocurriera intentar ofrecerla.
          Es que podemos, en un momento dado, presentar, entregar y ofrecer a Dios ciertas cosas materiales que son preciadas para nosotros, como un acto de gratitud a él, en acción de gracias. Estas cosas pueden ser buenas, en sí. Pero de nada servirían, si no van respaldadas por una vida agradable a Dios. Y mucho menos, serían capaces de justificar a nadie delante de Dios.
          Ahora bien, lo anterior no significa que no podamos ofrecer ofrendas materiales a Dios, como un acto de gratitud, en actitud de alabanza a él. Claro que sí podemos hacerlo.
          A lo que me refiero aquí es a que nunca pensemos que nuestras ofrendas o sacrificios son los que nos abren la puerta de la adoración, ante el Señor. Más bien, lo verdaderamente importante es la actitud del corazón con que venimos ante Dios para ofrecerle nuestra adoración. Lo cual nos lleva al siguiente punto de nuestro estudio:

2. Al adorar a Dios, lo primordial es LA ACTITUD DE NUESTRO CORAZÓN:
          Entendamos siempre que para tener acceso a la presencia del Señor, lo único que nos abre paso expedito es el sacrificio de Jesucristo, quien derramó su sangre para limpiarnos de todo pecado y darnos entrada la presencia de Dios.
          Así que, si queremos tener acceso ante el trono de Dios, debemos acudir a él, no apoyados en nuestras obras o acciones (que jamás nos justificarán, sino que más bien, obran en nuestra contra). La única forma de acudir a Dios es en un acto de genuina humildad, reconociendo que solo es por la misericordia y amor del Señor que podemos acercarnos a él, y amparándonos entonces en su justificación, por su sangre. Acercarnos de esa forma al Señor, de por sí, es un acto de humilidad.
          Y PARA ACERCARNOS A ADORARLE, PUES TAMBIÉN DEBEMOS HACERLO BAJO LA MISMA ACTITUD DE HUMILIDAD Y SENCILLEZ, para poder serles gratos al Señor:
“Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
Salmos 51:15-17
          Si queremos tocar el corazón de Dios, pues nada más certero como presentarnos en verdadera humildad. Y cuando digo verdadera, me refiero a que sea genuina, pues de no serlo así, el Señor lo sabrá, pues a él nadie le engaña.
          Como acabamos de leer en los versículos anteriores, Dios no rechaza ni desprecia a aquella persona que le busca, reconociendo su imperfecta condición humana y que, por eso, en fe, se ampara en su misericordia y su gracia. Quien así se acerque al Señor, bien le hallará:
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan."
Hebreos 11:6
          Pero recordemos que como Dios es tan excelso, nos atenderá si es que le buscamos en humildad. Sino, no:
"Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos."
Salmo 138:6
"...pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra."
Isaías 66:2

3. La adoración debe ir acompañada DE UNA VIDA AGRADABLE A DIOS:
          Más allá de la actitud correcta al ofrecerle a Dios nuestra adoración, ésta deber ser respaldada por una vida en integridad, con la cual procuremos exaltar a Dios en nuestro diario vivir. Es decir, nuestra conducta y obras deben ser cónsonas con esa adoración que le vamos a ofrecer al Señor.
"Dame, hijo mío, tu corazón,  miren tus ojos por mis caminos."
Proverbios 23:26
          Es decir, hemos de entregarnos, de corazón al Señor, en adoración. Pero también la frase "miren tus ojos por mis caminos" se refiere a poner cuidado en seguir la senda del Señor, así como a todo aquello que sea agradable a él. En esencia, es vivir una vida en rectitud e integridad.
          Y si todo lo anterior es así, respecto a las cosas tangibles y materiales que entreguemos a Dios, pues ¿cuánto más no lo será respecto a la adoración que le ofrecemos a él? Pues, nuestra vida misma (en pensamiento, palabra y obra) debe ser cónsona con esa adoración de a Dios le ofrecemos. Es decir, nuestra adoración debe ir respaldada por una vida agradable a Dios.

          Recordemos siempre que Dios mira LA VIDA DEL OFERENTE, al igual que SU ACTITUD; y entonces después, mira LO QUE SE LE ESTÁ OFRECIENDO.
          Un ejemplo de la importancia de la actitud del oferente, así como de llevar una vida recta, lo vemos en las ofrendas que presentaron Caín y Abel:
“Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.”
Génesis 4:3-5
          Algunos han dicho que lo malo de la ofrenda de Caín estribaba en que él ofreció del fruto de la tierra, la cual estaba ya maldita, por causa del pecado de sus padres (Génesis 3:17-18). Y que al hacerlo, pretendía justificarse por sus propias obras, ofreciendo de lo que él había cosechado a través de su arduo trabajo.
          Y en cuanto a Abel, algunos piensan que lo bueno de su ofrenda fue que, primeramente, ofreció no tan solo una ofrenda, sino un sacrificio: sacrificio de sangre, como Dios mismo lo estableció. Aunque la Biblia no nos lo dice literalmente, podemos pensar que Dios mismo sacrificó algún animal, (probablemente una oveja) para cubrir la desnudez de Adán y Eva (Génesis 3:21). Con esto, Dios les ilustró el futuro sacrificio de Cristo (Hebreos 9:22-24,28), quien es el único capaz de expiar el pecado y justificar al hombre. Seguramente, Adán y Eva continuaron con esta ordenanza y les enseñaron a sus hijos que esa era la forma como debían acercarse a Dios. Abel siguió lo establecido, pero Caín no.
          Todo lo anterior puede ser muy cierto y le encuentro fundamento bíblico. Pero además de todo eso, pienso, muy personalmente, que también primaron otros factores que determinaron que una ofrenda agradara al Señor y la otra le desagradara.
          Primero, se nos dice simplemente que Caín trajo del fruto de la tierra (v.3). Pero en cuanto a Abel, se nos aclara que él trajo el mejor ejemplar de sus ovejas, y que era un primogénito (v.4). Es decir, no solo ofreció lo que debía ofrecer, sino que ofreció lo mejor que podía entregar a Dios. Lo anterior nos hace énfasis en LA ACTITUD DEL CORAZÓN con que Abel vino a presentarse delante de Dios.
          Pero además, veo en todo esto otro punto importante. En Génesis 4:6-10 , se nos explica cómo Caín se ensañó contra su hermano, le engañó, le traicionó y, sin ningún reparo, le quitó la vida. Es decir, de antemano tenía que haber habido en el corazón de Caín mucho odio, envidia, amargura y maldad para que actuara de tal manera.
          Por eso, pienso que aún desde antes de que Caín presentara su ofrenda ante Dios, ya a Dios le desagradaba el corazón y la propia vida de Caín, más que su ofrenda misma. Y esto nos lo corrobora el siguiente pasaje:
“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.”
1 Juan 3:11-12
“El sacrificio de los impíos es abominación; ¡cuánto más, ofreciéndolo con maldad!”
Proverbios 21:27
           Me parece que la principal razón por la cual "el sacrificio de los impíos es abominación" a Dios, es, precisamente, porque viven impíamente. Es decir, el diario vivir de éstos no agrada a Dios. Y por consiguiente, producto de una vida así (pues ¿qué más se podría esperar?) sus sacrificios también eran ofrecidos con maldad y no podían agradarle a Dios.
          Pienso que eso fue lo que sucedió con Caín. Quizás su ofrenda no fue la correcta; pero creo que, peor que eso, su propio corazón, de por sí, ya era malo, al venir ante Dios a presentar su ofrenda.
          Es que se nos dice que Dios miró con agrado A Abel y a su ofrenda” (v.4); “pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya” (v.5). O sea, que el Señor no examina solo lo que ofrecemos, sino también, A LA PERSONA que lo está ofreciendo. Dios se fija primero en el oferente, y luego, en la ofrenda.
          Así, es importante PROCURAR LLEVAR UNA VIDA QUE SEA AGRADABLE ANTE DIOS, como punto de partida para que, de esa forma, lo que le ofrezcamos a él también le sea grato.
          En el libro de Isaías se nos presenta otro caso que reafirma este mismo principio. Dios le recrimina a aquellos de Israel que, aún siguiendo los preceptos establecidos para los rituales, sus sacrificios les eran desagradables al Señor. Y luego Dios mismo explica claramente la razón por la cual le desagradan los sacrificios de ellos: porque la vida que estas personas llevaban era desagradable ante Dios. Veamos:
"El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones, también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada".
Isaías 66:3,4
          Los rituales citados en el pasaje anterior bien pudiesen haber sido aceptables delante de Dios, pues él mismo los había establecido. Es decir, el sacrificar bueyes y ovejas (1 Reyes 8:63), hacer ofrenda (Éxodo 36:3) y quemar incienso (2 Crónicas 2:1,4,6) eran cosas que regularmente la nación de Israel hacía para el Señor. Así que en este caso, lo malo no consistía en los sacrificios en sí, sino en la mala vida de las personas que los ofrecían.
          Se nos dice que aquellas personas "escogieron sus propios caminos" (no los del Señor), "sus almas amaron las abominaciones"; "hicieron lo malo" ante los ojos de Dios y "escogieron lo que desagrada" al Señor. Y fue precisamente por eso que sus sacrificios no podían agradarle a Dios.
          Y le desagradaban a tal punto, que Dios los compara entonces con otras cosas que sí eran abominación ante él; tales como "matar a un hombre", "degollar a un perro", "ofrecer sangre de cerdo" y "bendecir a un ídolo".
          Es decir, todo en llevar una vida que agrade a Dios, para que entonces lo que le ofrezcamos a él tenga esencia y validez y le sea agradable verdaderamente
          Y tú, ¿qué piensas que es lo más importante: lo que ofrecemos a Dios, o la actitud con que lo hacemos? Puedes compartirnos tu opinión, al final de este artículo.

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