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mayo 28, 2012

HUMILDAD Y SENCILLEZ, características indispensables en un ministro de alabanza

Sea cual sea aquello que tú o yo hagamos para Dios, creo que será importante y valorado por el Señor si es que realmente lo hacemos con un corazón alegre y sencillo, por amor a él. Pienso que la humildad y sencillez de corazón son características indispensables en la vida de todo creyente; pero sobre todo, resultan imprescindibles como parte del carácter de todo aquel que sirve a Dios en cualquier ministerio.
          Existen en la viña del Señor incontables formas de servirle.  Algunas de ellas, muy a la vista de todos; y otras más, que pareciera que solo Dios las ve.
          Al respecto, he notado algo particular: el trabajar o servir en el ministerio de la alabanza a Dios tiene una característica que lo diferencia un poco de los demás ministerios y que suele ser la caída de algunos ministros y servidores: es que, quiérase o no, resulta un ministerio vistoso y atractivo, "entre brillos y luces". Pero, ¿en qué sentido lo digo? Bueno, pues, veamos:
1. QUE NO TE DESLUMBREN LAS LUCES:
          La música para exaltar a Dios es un ministerio que se realiza para el Señor, pero que se desarrolla de manera pública. Es decir, no se ejecuta en secreto o de una manera discreta, como algunos otros ministerios. Al contrario, el trabajo realizado en la alabanza, como ministerio, está y estará forzosamente a la vista de los demás.
          Además, por la naturaleza del ministerio mismo en sí (que se ejecuta teniendo como móvil la música y el canto, que son formas o expresiones de arte), llega a ser un ministerio que la gente tiende a admirar. Incluso, llegan a admirar al propio ministro de la música. Y es precisamente dicha característica de "brillo" de este ministerio lo que se convierte en el "talón de Aquiles" de algunos cantantes y músicos cristianos.
          Quienes son usados por Dios en el ministerio de la música, suelen ser el blanco “ideal”, por así decirlo, de quienes tienden a enaltecerlos o a “ponerlos en un pedestal”, debido a la vistosidad y atractivo mismo del ministerio en sí.
          A la mayoría de los cristianos dentro de una iglesia quizás no les resulten tan singulares sus maestros que le imparten una enriquecedora enseñanza bíblica cada domingo en la escuela dominical. Tampoco la gente se fija mucho en aquellos que un día les ministraron a través de una sencilla oración de fe; ni en aquellos valientes y esforzados guerreros espirituales que, con su intercesión y ayunos constantes, se convierten en pilares espirituales de su congregación.
          De manera similar, nadie tiende a admirar a quienes trabajan para el Señor en el área administrativa de su iglesia; ni a los que fielmente sirven como ujieres y porteros, como consejeros o como evangelistas de casa en casa. Mucho menos, alguien se fija en aquellos preciosos servidores que a diario mantienen en orden el templo, y limpio el suelo que todos pisan; ni tampoco se le concede mayor relevancia a los encargados tras bastidores de toda la logística y aspectos técnicos de audio, iluminación o video durante cada culto o servicio.
          Todos esos que mencioné en los dos párrafos anteriores son solo algunos ejemplos de las formas diferentes, importantes y necesarias del servicio a Dios dentro de una iglesia. Pero como anoté hace un momento, muchas veces pasan de inadvertidas y casi "de incógnito" ante el común de las personas de su congregación.

          Corroborando esto que digo, y solo como ejercicio curioso, pensemos en lo siguiente: si en las iglesias de congregaciones numerosas indagáramos a los nuevos creyentes (a los que tienen todavía muy poco tiempo de congregarse en ellas) y les preguntásemos si conocen y pueden indicarnos, aunque sea de vista, quiénes son los diferentes líderes y servidores de su iglesia (tales como los diáconos, ancianos, superintendentes, maestros, directores de departamentos, directores de redes o células, las secretarias, los administrativos y demás); probablemente no tengan mucha idea de cuáles son estos líderes. A lo más, sabrán reconocer solamente quiénes son los pastores y predicadores de su congregación.
          Pero lo más seguro es que aún las personas nuevas en la iglesia sabrán identificar con facilidad y podrán señalarnos e indicarnos cuáles son los cantantes y los músicos de su iglesia.
          Y esto es precisamente porque los ministros de la música están siempre al frente y porque la música es un medio llamativo; lo que hace a estos ministros un tanto "populares" y "destacados", aún sin siquiera ellos procurar que sea así.
          Por ser los cantantes y músicos, en cierta forma, lo que podría decirse “figuras públicas” dentro de su congregación, esto hace que sus logros y cualidades, así como sus faltas y errores, sean también mucho más notorias que los de otros, debido a que siempre están en la mira de los demás; razón suficiente para llevar una vida límpida y transparente. 
          Es que quien sirve a Dios en la alabanza y adoración como ministerio, ya sea cantando o tocando algún instrumento musical, de una u otra forma es un artista. Esto lo digo en el sentido específico de que expresa una forma de arte (tal como lo hace un pintor, un escultor, un poeta o un actor); solo que, en este caso, esta expresión artística es la música.  Pero no sucede así con la mayoría de los demás ministerios en la obra del Señor, los cuales no echan mano de algún tipo de arte escénica para su ejecución.
         Es una realidad innegable que quienes son capaces de crear o expresar algún tipo de arte escénica (llámese actuación y teatro, danza, música o canto), siempre atraerán hacia sí a personas que apreciarán esa expresión artística y que, en cierta forma, los admirarán.
          Y esto no sucede solo con los artistas en el mundo secular (es decir, fuera del ámbito cristiano); sino que aún dentro de la iglesia del Señor los mismos creyentes suelen levantar íconos para admirar, de cantantes o músicos que son de su agrado o que les resultan de bendición.  Incluso, algunos los toman como ejemplo a seguir y los tratan de imitar.
          Por eso, es una gran responsabilidad ser una "persona pública" dentro de un ministerio (cualquiera que este fuera).

2. ¡CUIDADO CON LA VANAGLORIA!:
          ENTRE MÁS USADO POR DIOS SEA UN MÚSICO O UN CANTANTE, las personas más lo admirarán y hasta lo tomarán como ejemplo a seguir. Incluso, MAYOR RIESGO CORRERÁ DE SER EXALTADO E IDEALIZADO POR LA GENTE.
          Y esto sucede a veces sin ninguna mala intención por parte de quienes lo admiran.  Por eso, el ministro que sirve a Dios en este ministerio no puede cerrar los ojos ante esta realidad y debe estar apercibido para guardarse y no dejar en su corazón ni el más mínimo lugar a la vanagloria.
          Y si somos honestos, me atrevería a pedir que tire la primera piedra aquel cantante o músico cristiano que, siendo de gran bendición a las personas con su ministerio, nunca, jamás, ni por un instante en su vida le ha picado el gusanillo de la vanidad, la autosuficiencia o el orgullo al ejercer su ministerio, y viendo lo bien que le salen las cosas. Que lance la primera piedra aquel ministro a quien nunca el diablo le ha susurrado al oído palabras que le inciten a la jactancia, aunque sea en lo íntimo de su corazón. Y sé que los ministros de alabanza saben a lo que me refiero.
          La clave está en cómo reaccionamos y cuál es la actitud que tomamos si pasa por nuestra cabeza algún pensamiento de esa índole. Si lo albergamos y empezamos a "acariciarlo", es el comienzo de la caída. Pero si inmediatamente desechamos cualquier tipo de actitud que sabemos que desagrada a Dios y ponemos los pies sobre la tierra, sabiendo que todo lo debemos siempre al Señor y que sola y exclusivamente a él pertenece toda gloria por lo bueno que podamos hacer, entonces vamos en el camino correcto.
          Si sentimos que brota en nuestro interior aunque sea una pequeña chispa de orgullo, vanidad, pretensión, prepotencia, jactancia, altivez, soberbia o autosuficiencia; entonces, hay que apagar inmediatamente esa chispa con el río de agua viva que fluye y que viene de Dios.
          Aquí valdría la pena recordar aquel pensamiento, quizás ya algo trillado, pero que tiene mucho de cierto: "No puedes evitar que los pájaros revoloteen sobre tu cabeza, pero sí puedes impedir que hagan nido en ella".
          Si somos tentados a la vanagloria, recordemos lo siguiente:
No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.”
Salmo 115:1
"Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente."
Job 35:13
"No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?"
1 Corintios 5:6
"Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala."
Santiago 4:16
"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad..."
Filipenses 2:3
"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga."
1 Corintios 10:12

3. CASOS Y COSAS QUE PASAN:
          Cuando el Señor utiliza a sus hijos (tales como predicadores, evangelistas, pastores, etc.) como instrumentos para hacer milagros, sanidades y prodigios, éstos también corren el riesgo de ser exaltados e idealizados por la gente. Pero, dada la naturaleza sobrenatural de las obras que Dios haga a través de ellos, estos siervos saben muy dentro de sí que humanamente les sería imposible realizar tales maravillas. Eso les hace mantener los pies sobre la tierra (a la mayoría de ellos), pues se entiende, y ellos mismos comprenden, que hacer esos milagros no depende de sus capacidades humanas, sino tan solo de Dios.
          Sin embargo, cuando el Señor usa a sus ministros de la música para realizar maravillas y tocar y bendecir a su pueblo a través de la alabanza y adoración, es más fácil que (tanto la gente como ellos mismos) lleguen a pensar, erróneamente, que fueron sus habilidades o talentos los que humanamente lograron las cosas.
          Por ejemplo, hay gente en las congregaciones que llega a pensar que sintieron algo bonito porque la música estuvo bien ejecutada o bien cantada; o que descendió la presencia del Señor porque quien dirigía los cantos era un ministro experimentado. O que, por el simple hecho de tratarse de un ministro famoso, el concierto fue de gran bendición. O tal vez puedan creer que la música llegó al corazón de los oyentes porque el que dirigió la alabanza tenía una dulce y hermosa voz. Nada más equivocado.
          En otras palabras, hay cristianos que cuando sienten que son bendecidos por Dios a través de algún ministro, atribuyen los honores a éste, en lugar de dárselos al Señor. Cuando Dios usa a sus ministros de la música para bendecir a su pueblo, démosle a Dios la gloria por eso.
          Muy comúnmente sucede que los creyentes que son bendecidos por Dios a través del ministerio de un cantor o músico, se acercan a éste con toda sinceridad al final del culto para comunicarle con alegría la bendición que recibieron. Y eso en sí no tiene nada de malo.
          Pero el error está en que estos bien intencionados hermanitos, sin darse cuenta y por falta de sabiduría, terminan alabando con sus comentarios al ministro de alabanza, en lugar de alabar al Dios de la alabanza.
          Que conste que no voy a exagerar, sino que cosas como las que mencionaré a continuación suceden con frecuencia en las iglesias. Incluso, varias de ellas las he escuchado de primera mano, tanto hacia mí como hacia otros compañeros de ministerio. Por ejemplo, al final del culto se acercan al cantante y le dicen cosas así como estas:
  • “Oiga, ¡qué bonito cantó usted!”
  • “¡Qué voz más linda la suya!” - (en tono de suma admiración).
  • “Usted es el que más me gusta oír cantar en esta iglesia.”
  • "¡Solo cuando usted dirige la alabanza es que yo recibo tanta bendición!"
  • "Ay... - (con tono de disgusto) - ¡Yo no sé por qué ponen a otros a cantar aquí, si usted es el único que siempre debería dirigir la alabanza en esta iglesia!"
  • "¿Sabe qué? Yo me quedé en esta iglesia porque me encanta cómo usted canta."
  • "¡Con razón que cayó la presencia de Dios! - (y luego, exhalan un suspiro) - ...Si es que usted canta como un ángel..."
          Y para con los músicos no se quedan atrás los halagos. Les dicen por ejemplo alguna de estas cosas:
  • "Oiga, me impresionó... - (y mientras, le dan unas palmaditas en la espalda)... Yo no sabía que usted era todo un profesional."
  • “¡Usted sí que sabe tocar bien el... - (póngase aquí el nombre del instrumento) -!”
  • "Lo felicito. Usted toca hermoso."
  • En tono de gran solemnidad: "Realmente usted es un músico virtuoso."
  • "Ahhh... - (con un suspiro de por medio) - ...si yo supiera tocar tan lindo como usted..."
  • Con tono imperativo: "Los otros músicos del grupo deberían aprender a tocar como usted."
  • Con aire de admiración: “¡Usted es el mejor músico en esta iglesia!”.
          Y lo peor es que ante este tipo de halagos, he visto a muchos cantantes y músicos tragárselos de muy buena gana y, con una enorme sonrisa de satisfacción de oreja a oreja, responder un gran "¡Graaacias!", sin atribuirle en ninguna forma la gloria que pertenece a Dios. Bueno, quizás con eso "ya tengan su recompensa."
          Cuando situaciones similares de elogios personales por el ejercicio del ministerio se repiten y llegan a ser el pan de cada día para ese cantor o ese músico, terminan siendo realmente peligrosas, si es que no sabe lidiar con ellas.
          Si nos conceden tales alabanzas, es necesario que sepamos “redirigirlas” inmediatamente a Dios y atribuirle a él la gloria por las cosas que hagamos bien.
          En otras ocasiones los propulsores de levantar "íconos" para admirar e idealizar, y esto, sin ninguna mala intención, son los propios medios de comunicación cristianos.
          Podemos ver lo que sucede cuando se aproxima a nuestro país la visita de algún cantante muy usado por Dios internacionalmente, así como cuando un talento nacional cristiano lanza una nueva producción musical (y supongo que lo mismo sucede en otras latitudes): las emisoras de radio y de televisión cristianas se saturan de anuncios, música, videos, documentales, entrevistas y todo tipo de propaganda alusiva a dicho cantante o grupo musical. El inconveniente no está precisamente en eso, sino en la manera en que se publicita a dichos ministerios.
          El principal objetivo al publicitarlos debería ser aprovechar para extender de esa forma el mensaje del Evangelio, a través de la música y testimonio de tal músico o cantante.
          Sé que además de eso, es bueno, importante y necesario hacer publicidad de los conciertos, presentaciones y de las producciones musicales de los ministros del Señor (con lo cual estoy totalmente de acuerdo).  Hay que promover el talento cristiano, sea éste nacional o extranjero. Pero hay que tener cuidado en la manera en cómo esto se hace. Hay que publicitar a los ministros de la música, pero siempre, concediéndole la honra y la preeminencia solo a Dios.
          Muchas veces se pondera y se le dan demasiados honores, títulos y elogios a ese hermano, hermana o grupo musical (tal como sucede también con algunos predicadores); a tal punto en que, sin querer, lo que se termina haciendo es exaltar a los ministros de Dios, quienes al fin y al cabo, no son más que simple vasos usados por el Señor; y que sin Dios, nada de lo que hacen tendría valor.
EXALTEMOS AL ALFARERO, NO A LA VASIJA:
"Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros."
2 Corintios 4:7


4. SEAMOS PRUDENTES DE LABIOS:
          En este punto quiero dirigirme, no al ministro de la música a quien con frecuencia la gente está alabando, sino a aquellos buenos hermanos que, sin ninguna mala intención, tienen la costumbre de enaltecer, idealizar y elogiar personalmente y en demasía a predicadores y ministros de alabanza. Mis queridos hermanos: hacer eso no es bueno; ni para ellos, ni para ustedes.
          Quizás en un momento dado ustedes se sientan gozosos por el trato y el toque del Señor en sus vidas, lo cual sucedió durante el tiempo de alabanza y adoración a Dios en la iglesia, o a través del ministerio de tal o cual cantante o músico. Por eso, tal vez quieran acercarse a esa persona para comunicarles de qué forma ese ministerio ha sido de bendición para la vida de ustedes. Eso en sí no es malo. El asunto es la forma en que algunos lo hacen.
          El detalle está en comprender que es Dios quien hace y obra en los corazones y en las vidas de cada quien. Hay que entender que hay poder en la alabanza a Dios porque él así lo determinó. Hay que saber que Dios busca verdaderos adoradores y que cuando lo adoramos en espíritu y en verdad ocurren grandezas y maravillas. Pero todo, todo, todo eso depende, está y reside en el poder de Dios; y jamás en la acción del hombre. Por tanto, si sabemos y estamos convencidos de esto último, no tendremos por qué pensar siquiera en alabar al hombre por algo que viene de Dios.
          Es que en ocasiones, en vez de nuestros elogios resultar de bendición para ese ministro (como quizás era nuestra intención) terminan siendo más bien de tropiezo para éste, si es que no tiene la madurez necesaria para lidiar espiritualmente con tales halagos que se le otorgan.
"El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos."
Proverbios 29:5
          Por eso, cuidemos nuestras palabras y pensemos lo que vamos a decir, antes de hablar por hablar.
"El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios."
Proverbios 16:23
"Hay oro y multitud de piedras preciosas; mas los labios prudentes son joya preciosa."
Proverbios 20:15
          Ahora bien, quizás muchos me dirán que hay que reconocer y estimular a la gente y que todo ser humano necesita saber, aunque no lo admita, que es útil y sentirse aceptado por los demás. Que por eso, cuando alguien hace algo bien, hay que decírselo. Incluso, es como una especie de retroalimentación, la cual nos impulsa a seguir haciendo lo que hacemos con más empeño y ahínco; además de que nos permite alegrarnos al conocer las buenas cosas que nuestro trabajo ha generado.
          Bueno; todo eso es cierto y no lo contradigo. Incluso, encuentro versículos bíblicos para corroborarlo:
"Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros..."
Romanos 13:7,8
"Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros."
1 Tesalonicenses 5:11-13
"El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye."
Gálatas 6:6
          Y esto de hacerlos partícipes "de toda cosa buena" se refiere tanto a lo material, como a lo emocional, lo afectivo y lo espiritual.
          Pero el meollo del asunto es que debemos encontrar el balance entre honrar al hombre en la forma en que Dios manda, sin caer en alabar al hombre y otorgarle el crédito por las cosas de Dios; lo cual ya es algo muy distinto.
          Debemos diferenciar y no sobrepasar la delgada línea que existe entre lo que implica estimar, reconocer y honrar con respeto a una persona, y lo que implica enaltecer, alabar e idealizar a alguien.

5. ¡PASA PRONTO EL BALÓN!:
          Vuelvo ahora a dirigirme a los ministros de la música, con un sano consejo:
          Cuando alguien nos adjudica algo de la gloria que solo pertenece a Dios, nunca debemos apropiárnosla, sino más bien, enviarla inmediatamente “de rebote” hacia el trono de Dios.
          Es algo así como lo que sucede en un partido de voleibol: cuando la pelota llega a las manos de un jugador, éste no la atrapa ni la retiene (si lo hiciera, su equipo perdería puntos).  Por el contrario, el objeto del juego es precisamente enviar el balón lo más rápidamente posible al otro equipo. Si la bola se mantiene mucho tiempo (por más de tres golpes) dentro del mismo equipo, éste pierde esa mano del juego.
          Algo similar debemos hacer nosotros (y por nuestro propio bien): jamás retener "el balón” de la gloria en nuestras manos, sino pasarla inmediatamente al Señor; (tal como si se tratase de una papa o patata caliente, que no podemos sostener en nuestras manos, pues de hacerlo, nos quemaríamos).
          Hay diferentes maneras de hacerle ver a aquella persona que nos está halagando que nos alegra haber sido de bendición para su vida, pero que si le ha gustado lo que vio, escuchó o sintió, es gracias a la unción, la gracia y el favor de Dios sobre nosotros, por su gran misericordia. Debemos exhortarle a que alabe y le dé las gracias al Señor, si es que resultó bendecida por nuestro ministerio. Incluso, hasta podemos pedirle a ese hermano o hermana que nos mantenga en sus oraciones, haciéndole comprender nuestra total dependencia del Señor. Hay que hacerle entender (en pocas palabras, claro está) que no se debe a nuestras habilidades o talentos, sino a Dios, quien es el que hace todas las cosas; que solo hemos sido un simple instrumento o canal para que Dios bendiga a esa persona. Pero para ello, es necesario que primeramente nosotros mismos estemos conscientes y convencidos de que es así. Si no lo creemos nosotros mismos, ya vamos mal.
          Dicho de otra forma, al ver que hemos sido o somos usados por Dios, debemos rendirle la gloria sola, total y completamente a Dios, y no quedarnos ni siquiera con un poquito de ella.  Y esto tenemos que hacerlo tanto externamente (mediante nuestras palabras y acciones), como en lo más interno o escondido de nuestro corazón, allí en donde nadie ve lo que hay, sino solo el Señor.
          Cuando un ministro llega a ser alabado por la gente y no ha guardado su corazón, queda expuesto a caer en vanagloriarse, tal vez muy dentro de sí, aún cuando no lo exprese externamente. 
          Posiblemente, con sus labios podría responder solemnemente delante de quien le alaba: “La gloria es para Dios, hermano”, o “Todo eso es gracias al Señor”. Pero en lo oculto de su corazón podría estar diciendo para sí mismo: “¡Cuán grandemente me usa Dios!  ¡Qué talento tan tremendo tengo!   ¡Cuando yo ministro, todos ven la diferencia!  ¡Conmigo sí que desciende la presencia del Señor!”
          ¡Que el Señor nos libre de pensamientos así! Mas bien, Acuérdate de Jehová tu Dios...” (Deuteronomio 8:18).

Para recordar:
“El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro, y al hombre, la boca del que lo alaba.
Proverbios 27:21
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón..”
Jeremías 17:9,10
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Proverbios 4:23
          La actitud correcta de todo ministro debería ser cederle al Señor el trono en nuestro corazón, para que sea él quien lo gobierne y no nuestras emociones.
     Al respecto, me gusta un pensamiento de Charles Dickens que leí una vez y que expresa poéticamente esta gran verdad, de permitirle a Dios que ordene y dirija nuestro corazón para sacar de éste buenas cosas:
“El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el Perfecto Conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.”
          Cedámosle al Gran Músico el instrumento de nuestro corazón, para que él saque de nosotros las más hermosas melodías.

6. VISTÁMONOS POR DENTRO Y POR FUERA DE HUMILDAD Y SENCILLEZ:
          Como mencioné al inicio de este artículo, pienso que la verdadera humildad y sencillez de corazón es una cualidad indispensable, imprescindible e insustituible, la cual nunca debe faltar en un ministro de Dios. ¡Y CUÁNTO MÁS SI SE TRATA DE UN MINISTRO DE ALABANZA!
          Pero, lamentablemente, humildad y sencillez son virtudes que a algunos ministros de la música se le escapa tan fácil como el agua entra las manos. 
          Siendo éste un ministerio CUYA ESCENCIA ES EXALTAR A DIOS, paradójicamente, es el ministerio en donde los propios ministros más tienden a tomarse la exaltación para sí; y en el cual el propio pueblo de Dios más acostumbra exaltar a los ministros, EN LUGAR DE EXALTAR SOLO A DIOS.
          El ministro de alabanza debe tener siempre, pero siempre muy en claro, no solo en su mente sino también en su corazón y aún muy dentro de su alma, que todo lo bueno que pueda llegar a ser y hacer en esta vida es precisamente por Dios, para Dios y gracias a Dios; y que sino fuera por Dios mismo, nunca podríamos hacer ni ser nada.
          Siempre me gusta recordar el pasaje del libro de Daniel, acerca de lo que le sucedió al rey de Babilonia, Nabucodonosor.
          Como Dios sabía lo que había en el corazón de este rey, le reveló en un sueño lo que llegaría a acontecerle si se comportaba con jactancia y soberbia. Envió al profeta Daniel con un mensaje de advertencia para él. Pero al parecer, el rey pronto lo olvidó. Y un año después del sueño, esto fue lo que pasó:
"Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor. Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.
En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves.
Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.
Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
Daniel 4:28-37
(Aquí puedes leer el pasaje completo)
          Algunas biblias subtitulan ese pasaje como "la locura de Nabucodonosor". Es que el rey perdió literalmente la razón. Pero esa locura le sobrevino a raíz de una locura aún mayor: pretender que la grandeza que él había alcanzado se debía a sí mismo y no a Dios. Gravísimo error. A Dios gracias, él tuvo misericordia de Nabucodonosor cuando éste reconoció su pecado.
          Y si ese escarmiento le sucedió a un rey que en su tiempo fue el más poderoso del mundo, ¿qué se espera de nosotros, si pretendemos enorguecernos en nuestro corazón y se nos ocurre adjudicarnos "un poquito" de la gloria que corresponde a Dios? Dios nos libre de ello.
          El caso de Nabucodonosor es clara muestra de lo que dice el siguiente versículo:
"El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen."
Salmo 49:20
          Me gusta una canción que interpreta Marcos Yaroide que dice: "Todo se lo debo a él... Mi casa, mi familia, y todas mis canciones, todo se lo debo a él..." Y así mismo es: sin el Señor, nada seríamos.
"Todas las cosas por él (Cristo) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho."
Juan 1:3
          Con cuánta frecuencia le decimos a Dios en nuestras oraciones y en nuestros cantos cosas como: “tuya es toda la gloria, tuya es la honra, eres el único digno de ser alabado”, etc.  Pero ¿lo hacemos realmente siempre así en la práctica? ¿Cuán dispuestos estamos a darle al Señor la gloria por todas las cosas que hacemos bien? ¿O a veces intentamos “robarnos” un poquito del crédito?  Cuidado con eso, pues el Señor dice:
"Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza...."
Isaías 42:8
"No os engañéis; Dios no puede ser burlado..."
Gálatas 6:7
"...Porque la gloria de Jehová es grande. Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos."
Salmo 138:5,6
“Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente.
Salmo 12:3
          Así, es peligroso tomarnos el crédito por algo que no es nuestro, sino de Dios. Además, creo que sería ilógico y muy tonto pretender jactarnos por algo que nosotros no hemos hecho. ¿No creen?:
 “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido?  Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
1 Corintios 4:7
"Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación."
Santiago 1:16-17
“…No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
Juan 3:27
“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.”
Salmos 127:1
Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.
Gálatas 6:3
          No nos equivoquemos, tal como la anécdota del burro vanidoso que se nos narra en aquella canción de Michael Rodríguez, la cual dice en el coro: "¡Burro, no te equivoques! Les recomiendo que vean ese video aquí; el cual, además de traernos un gran mensaje, seguro les sacará una que otra sonrisa por la ocurrente letra de esa canción.
          Es que nunca somos ni seremos dignos de alabarnos a nosotros:
“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24
          Según lo que Dios mismo nos dice, lo único que importa y que es digno de alabanza es entender y conocer al Señor. Y aún así, ni eso podemos decir que tenemos a nuestro favor para alabarnos, pues a Dios nadie le puede entender:
Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable.
Salmo 145:3
“El cual (Dios) hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número;
Job 5:9
¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!  Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?”
Romanos 11:33-34
          Así que, después de leer estos versículos, pregunto entonces: ¿en qué nos podemos alabar?  Pues diría yo que realmente en nada. Todo se lo debemos al Señor.
          Además, sin importar cuánto podamos ser usados por el Señor y cuán lejos podamos llegar en la vida, siempre Dios es quien debe ser el exaltado:
El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.”
Deuteronomio 10:21

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Anónimo dijo...

Hola:
Mi nombre es Soledad y dirigo la alabanza en la clase de Dorcas, y es verdad que hay que tener mucho cuidado, la carne es muy débil, y hay hermanos y hermanas q te alaban quizás con la mejor de las intenciones, pero es muy peligroso, y recordar siempre q la gloria es para el Señor, otra cosa cuando a mi me dicen q lo hice bien o que canto lindo hermanita, (dentro de mi digo, no lo hice tan bien) es una lucha constante, q hay q estar en oración y ayuno... y si no lo haces eres carne para el león q esta hambriento, por comer...
Pero hay veces q es necesario sentirse q lo haces bien, y la mejor manera de saberlo es cuando la presencia del Señor desciende y eso a mi me dice q el Señor me esta usando... es bno sentirse apoyado, porque generalmente los músicos y cantantes cristianos son solitarios ¿porque? no lo sé. Bueno eso quería aportar y muy bueno aprender sobre la vanagloria... gracias q el Señor Jesús les bendiga.

Vicky dijo...

Hola Soledad!
Tienes mucha razón. Es imprescindible mantenernos sencillos y humildes en nuestro corazón en todo momento y si no lo hacemos, es peligroso para nosotros mismos.
Y cuando sientes que no lo hiciste tan bien, pero aún así las personas te dicen que lo hiciste bien, como dices, es precisamente por la gracia del Señor en ti. Y es porque "Su poder se perfecciona en nuestra debilidad" y él hace todo lo que no podemos lograr humanamente.
Y como dices, todos necesitamos de vez en cuando cierta retroalimentación, y eso tampoco es malo del todo. A veces, el Señor permite que otros nos digan cómo les hemos sido de bendición, quizás solo para confirmarnos a nosotros mismos el ministerio y el llamado que Él nos ha dado.
También es muy cierto lo que dices, que un bello indicativo de que somos instrumentos de Dios es cuando vemos las obras maravillosas que él hace a través de nosotros y eso nos llena de gozo.
Si la presencia de Dios está en lo que hacemos, eso será lo más importante.
Que el Señor te bendiga muy especialmente.
Saludos, Soledad!

Anónimo dijo...

Exelente buena enseñanza muchas gracias,tenemos que entender que es un ministerio muy delicado y tenemos que guardarnos en todo porq somos vistos por toda la congregacion y temos que ser ejemplo.me hayudara de mucho todo lo que aprendi bendiciones

Vicky dijo...

Hola, Anónimo. Tienes mucha razón.
Y qué bueno que esta enseñanza te fue de bendición.
Gloria a Dios.
Bendiciones para ti!

Anónimo dijo...

Buen post, gracias por compartir.

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