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Seguramente te has topado más de una vez con personas que resultan notablemente excepcionales en tal o cual habilidad, actividad, don, gracia o talento, pero que no lo utilizan ni aprovechan en nada; y es más, se desempeñan en una ocupación totalmente diferente a ese don que tienen. Y solo Dios sabe si tú mismo no eres una de esas personas.
Es como si tuviesen ese don excepcional escondido en un baúl, cerrado con candado, el cual abren solo en escasas ocasiones en que sacan su talento a la luz. Pero luego guardan y lo vuelven a cerrar.
Cuando encuentres gente perfecta, entonces hallarás una iglesia perfecta...
Muchas veces he escuchado a creyentes quejarse repetidamente de cosas que pasan en sus iglesias, cosas con las cuales se muestran en desacuerdo.
El Señor dijo: "el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra" (Juan 8:7). Así que, para ser sincera, debo reconocer que yo también me he quejado algunas veces (aunque tampoco es algo que tengo por costumbre). Y teniendo en cuenta la naturaleza del ser humano, es bastante seguro que usted, amigo lector, también lo habrá hecho en algún momento. ¿O no?
Bueno, por eso hoy he querido escribir sobre el tema, pues esto es algo que ocurre en las iglesias cristianas frecuentemente (o quizás, con demasiada frecuencia).
Probablemente ya habrás escuchado esta canción, pero quise compartirla aquí para recordarnos que tú, yo y todos nosotros tenemos dones, habilidades y talentos que Dios nos ha entregado. Solo que muchas veces los relegamos, dejándolos a un lado, y no los activamos ni los ponemos a funcionar, como Dios quiere que lo hagamos.
Con frecuencia no aprovechamos nuestros dones, ya sea porque nos afanamos de lleno en las múltiples ocupaciones diarias, o quizás, por falta de auto-disciplina. También podría ser por descuido, por temor, por falta de decisión o falta de motivación. E incluso, por subestimarnos a nosotros mismos, pensando que no somos lo suficientemente buenos o aptos para determinada tarea, o porque no nos sentimos "perfectos" o "a la altura" de lo que pensamos que debemos ser. O bien, también sucede que algunos ni siquiera se han dado cuenta de en qué cosa son buenos. Pero algo sí es cierto: ten la certeza de que para algo en esta vida eres bueno, muy bueno.
Recuerda siempre que el Señor ha depositado en nuestras manos dones especiales para alcanzar todas aquellas cosas (grandes y pequeñas) que él quiere que hagamos y logremos.
Él es un Dios personal, y por eso, nos capacita de manera específica e individualizada para que cumplamos los propósitos que él ya ha designado para nosotros. Nadie, absolutamente nadie, puede decir que es "un bueno para nada". Siempre somos buenos, aunque sea en una sola cosa en esta vida.
Y eso no significa que tengas que ser siempre "el mejor" en algo, o sobresalir muy por encima de los demás para poder hacer lo que Dios te ha mandado. Lo que importa es que lo hagas bien, lo mejor que puedas, dentro de las capacidades que Dios ha depositado en ti. De eso precisamente es que se trata la excelencia.
Él es justo y jamás va a demandar de nosotros más allá de lo que él mismo sabe que nos ha dado. Pero por otro lado, también es muy cierto que Dios nos va a pedir cuentas de lo que hayamos hecho con los dones que nos entregó.
Siempre habrá otras personas que puedan hacer las cosas mejor que tú. Pero allí está lo hermoso: que a Dios se le antojó, le plació escogerte a ti (y no a otros) para hacer aquello que él mismo ya planeó para ti, porque lo que él quiere que tú hagas (aún por muy simple o insignificante que te parezca), ninguna otra persona en el mundo lo hará exactamente como tú lo puedes hacer:
"Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia."
1 Corintios 1:25-29
Eres único y especial.
Recuerdo un pensamiento que leí hace décadas que decía (parafraseándolo un poco): “Al morir un ser humano desaparece consigo y para siempre, una interpretación única, propia y sin igual del universo”. Y esto es porque cada persona sobre esta tierra es especial y no es igual a ninguna otra que existe, haya existido ni existirá jamás.
Tú eres único en este universo. Y créeme, que Dios lo sabe mejor que nadie.Y es en base a eso que él te ha dotado de capacidades, también únicas, para hacer una labor sin igual y especial. Si tú no la haces, quizás Dios levante a otros para llenar el espacio vacío que tú dejaste, porque no quisiste actuar. Pero ten por cierto que jamás los demás lo harán como tú lo hubieras podido hacer. Y nunca lo sabrás, si no lo intentas.
¡Anda, levántate y ponte en marcha! Disponte a cumplir y a alcanzar lo que Dios tiene para ti. Ya el Señor te capacitó y preparó las buenas obras que él quiere que hagas. Lo único que Dios requiere ahora de ti es tu disposición:
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
´ Efesios :10
Y se eso es que trata el mensaje de este tema de Jesús Adrián Romero: "Aquí estoy yo". (Más abajo les dejo la letra de esta canción).
Encajonarse en una sola corriente musical no es lo más apropiado, cuando se trata, muy específicamente, del caso de grupos de alabanza dentro de una iglesia o congregación. Siendo este el caso, es bueno que seamos abiertos a escuchar, aprender e interpretar diversos géneros musicales.
A lo largo de los años, he visto cantores y músicos, dentro de los grupos de alabanza de las iglesias, que solo quieren mantenerse en la línea de aquel tipo de música que a ellos, muy personalmente, les agrada. Y no hacen el intento de abrirse a ningún otro tipo de corrientes o géneros musicales. Pienso que esto no es lo más recomendable en estos casos (reitero: cuando se trata de grupos de alabanza de las iglesias, en general). Y lo digo por varias razones que veremos en este artículo.
Uno de los aspectos para aprender a tolerar a los demás es empezar primeramente por conocernos y entendernos a nosotros mismos, a nuestra propia persona. Es decir, por qué es que pensamos y actuamos como lo hacemos. Es necesario llegar a comprender que tal como nosotros mismos, todas las demás personas tienen también su propio carácter o manera de ser; es decir, una personalidad propia. En otras palabras, todos tenemos nuestro muy peculiar temperamento. >>>>>
Este tipo de temperamento es fácilmente identificable y salta a la vista, cuando es el predominante en una persona. El sanguíneo es aquel individuo que para nada es inhibido ni tímido; sino, por el contrario, es sumamente extrovertido. Se podría decir que casi nada le da vergüenza. Es entusiasta, espontáneo, emana optimismo y es algo impredecible.
Le encanta socializar y suele ser el alma de la fiesta. Es amigable con todos y poseedor de cierto tipo de energía interior: esa “chispa” o carisma que llama la atención;por eso, suele ser popular y, de primera mano, le "cae bien" a la mayoría de la gente (aunque no a todos). Tiene una personalidad atractiva y atrayente. Además...
La gran virtud de los coléricos es que poseen el carácter más férreo y la mayor fuerza de voluntad entre los demás temperamentos. Cuando emprenden algo no se conforman hasta concluirlo a toda costa, no importa qué tengan que hacer para lograrlo; para ellos el fin justifica los medios.
Suelen ser muy seguros de sí mismos, independientes y sumamente autosuficientes, así como prácticos, por naturaleza y llenos de dinamismo y energía.
Los coléricos no son sentimentales, efusivos ni mucho menos, cariñosos. Ni la empatía ni la simpatía son sus virtudes. Son muy cerebrales, en lugar de emocionales.
Es el más sentimental y emocional de todos los temperamentos. De allí su nombre. Si bien, los melancólicos tienen la cualidad de tener un gran corazón y ser sensibles a la voz de Dios y a las necesidades de los demás; igualmente esa misma gran sensibilidad puede ser su punto débil y puede convertirse en un arma de doble filo.
Tienden a afectarse mucho anímicamente por las circunstancias que los rodean y por la forma en que los traten los demás, siendo fácil presa de la tristeza, las frustraciones y los complejos, así como bastante dependientes de las relaciones interpersonales. >>>>>
El flemático no es muy fácil de identificar, pues es un temperamento que, debido a su manera tan peculiar de ser, pasa a veces inadvertido entre los demás. No es extrovertido, como el sanguíneo; tampoco tan cariñoso, como el melancólico; ni agresivo o impulsivo, como el colérico.
El flemático posee un temperamento pasivo, que podría considerarse un tanto neutral, entre los demás; representando un punto balanceado de los anteriores, por lo que suele ser una persona muy equilibrada. >>>>>
Sin importar el tipo de temperamento que tengamos, el Señor puede y quiere utilizarnos para su gloria en toda forma. Lo único que él requiere al respecto, por parte de nosotros, es nuestra disposición para servirle y para dejarnos moldear a su imagen. Cualquiera sea nuestro carácter, temperamento, personalidad o como queramos llamarle, Dios puede hacer en y a través de nosotros, grandes y hermosas cosas.
El Señor se complace cuando nosotros, tal y como él nos hizo, somos dignos ejemplos de lo que es un hijo o una hija de Dios. Y añadido a eso, se complace en ver que le servimos de todo corazón y que ponemos a su servicio todos los dones, talentos y capacidades que él mismo nos ha dado. Todos tenemos defectos y debilidades, claro está.Pero lo importante es que ello no nos impida ni nos abstenga de entregarnos a Dios para servirle. >>>>>
Se puede conocer mucho de las personas, analizando su actuar, su comportamiento. No en vano dijo el Señor Jesús que nos conoceríamos mutuamente por nuestros frutos (Mateo 7:20); es decir, por lo que hacemos.
No pretendo con este artículo catalogar psicológicamente a nadie; no tengo la autoridad ni los conocimientos profesionales para hacerlo. Solo tomaré algunas figuras que son del conocimiento público, dentro del ámbito cristiano evangélico, únicamente a manera de ejemplos ilustrativos (y eso, con mucho respeto). Todo, con el único fin de explicar, a través de ejemplos prácticos, estos conceptos de los diversos temperamentos (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático), que hemos venido viendo en artículos anteriores.
Laspersonas con el mismo tipo de temperamento predominante no suelen crear vínculos muy estrechos entre sí; tal como en la electricidad, los polos iguales se repelen.
Por ejemplo, un colérico no buscará relacionarse a fondo con otro colérico, pues tarde o temprano habrá confrontación. Es que desde la primera impresión, un colérico no le caerá muy simpático a otro colérico. Un flemático, por su parte, no encontrará mucho interés en otro flemático. Y como, por naturaleza, ninguno tiende a ser muy sociable ni comunicativo, pues menos se verán motivados a acercase entre sí. Un sanguíneo, aunque en un principio pareciera acoplarse perfectamente con otro sanguíneo, resultará que a la larga se hallarán ambos compitiendo por la atención y por sobresalir. Tal vez, el melancólico es el temperamento que no tiene problemas en asociarse con otro melancólico; se ajustan entre sí como anillo al dedo. Icluso, pueden llegar a ser los mejores amigos. >>>
Mientras analizábamos un poco de cada temperamento, hablamos de las debilidades y virtudes de cada uno de ellos. Ahora bien, no es permisible para ninguno de nosotros escudarnos en las debilidades propias de nuestro temperamento para decir: “es que yo soy así”, tomándolas como excusa o justificación de nuestros errores, pues ese sería un pensamiento conformista, derrotista y poco cristiano.
Y es que los hijos de Dios no estamos solos en nuestra lucha, sino que podemos recurrir a la fortaleza que nos da el Espíritu Santo para perfeccionarnos en todas nuestras debilidades. No en vano, el Señor Jesús le dijo a Pablo: >>>